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Fecha publicación: 13-03-2013
Autor: raquel blanco

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El Trastorno del Espectro Autista (TEA) es uno de los Trastornos del Neurodesarrollo con mayor prevalencia en nuestro medio. La población que lo presenta se caracteriza por disponer de escasas habilidades de comunicación en todos sus sentidos, limitación para las relaciones interpersonales junto con un patrón de conductas restrictivas y preferencia por la invariabilidad del entorno.
Pese a la importante prevalencia y trascendencia del autismo, en el momento actual todavía desconocemos cuál es su causa. Una de las teorías que recientemente han suscitado mayor interés es la del “espejo roto”. Según esta teoría, una disfunción del denominado Sistema de Neuronas en Espejo (SNE)  sería responsable de la sintomatología nuclear del autismo.

El SNE está constituido por una red neuronal que se activa específicamente al realizar un movimiento u observar a los demás ejecutar una acción. Ésta compleja red neuronal está relacionada con el desarrollo de  funciones superiores como el aprendizaje por imitación, el lenguaje, la empatía, la percepción de intenciones ajenas y la Teoría de la Mente. Como éstas funciones están alteradas en la población autista, parecería lógico pensar que una disfunción en la región cerebral responsable de tales funciones podría  ser el principal o uno de los principales agentes causales del trastorno.

Existe una falta de consenso en el momento actual sobre la veracidad de la teoría “del espejo roto”, ya que existen diferentes trabajos que apoyan o desmienten la ingeniosa teoría. Si bien parece demostrada la existencia del SNE y su implicación en la imitación, así como la importancia de la capacidad de imitar para conseguir desarrollar habilidades para la interacción social, no queda claro si se trata de una disfunción exclusivamente del SNE, lo que provoca estas carencias imitativas en los autistas. Parece ser que podrían existir otros factores a la hora de determinar la sintomatología del autismo.

A día de hoy tenemos pocos datos certeros sobre la neurobiología del TEA. Uno de ellos es el retraso en el desarrollo del proceso de la imitación que se ve en éstos niños. Igualmente podemos afirmar que la red neuronal conocida como SNE participa en los procesos de observación e imitación y, que podemos emplear técnicas como el electroencefalograma (EEG) o la Resonancia Magnética funcional (RMf) para medir de una manera objetiva la “actividad” de éste grupo de neuronas.

En lo que todavía no hay un consenso es en la existencia de una constante disfunción del SNE en la población autista. Pese a que diferentes estudios parecían apoyar la idea de un funcionamiento anómalo en esa red neuronal bimodal (SNE) en la población con TEA (base de la Teoría “de  los espejos rotos”), aparecieron también otros grupos de trabajo que referían una función normal  del SNE en los autistas.

Las diferencias entre los hallazgos de ambas corrientes científicas, podrían explicarse por varios factores: diferentes diseños de estudios, con tamaños muestrales en su mayoría escasos, diferentes criterios de inclusión de la población…etc. Pero uno de las razones más potentes para explicar éstas diferencias en los resultados,  podría ser la gran variabilidad en la sintomatología del TEA.

Probablemente, al igual que ya casi no empleamos términos estáticos como autismo, sino TEA, también deberíamos hablar de una mayor o menor afectación del SNE que se asociaría a un mayor o menor grado de afectación del paciente con TEA.
El hecho de que la inmensa mayoría de los estudios estén hechos con muestras de pacientes con alto grado de funcionamiento y además, en edades comprendidas entre la preadolescencia y la edad adulta, convierte en difícil e imprudente la generalización de resultados hacia toda la población TEA. Sólo algunos autores como Rogers (2003), cuyos estudios apoyan la Teoría del “espejo roto”, presentan muestras de pacientes TEA de corta edad.

Pese a que todavía no exista un consenso sobre la teoría del “espejo roto”, está claro que el estudio y debate sobre ésta teoría ha aumentado el conocimiento sobre los mecanismos neurales que rigen la conducta social y sobre la neurobiología del autismo. Si la teoría del “espejo roto” se demostrara finalmente como la certera, la trascendencia en el mundo del autismo sería más que destacable, ya que con el mejor conocimiento de la causa del trastorno se abrirían nuevas puertas terapéuticas, como ya señalan algunos grupos que hablan de “la rehabilitación del SNE”. No obstante, son necesarios nuevos y más amplios estudios para ratificar o no la polémica teoría.

 

BIBLIOGRAFIA

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